Raise your voice

martes, febrero 6, 2018

Cada día oímos hablar de ello. En las noticias, en las redes sociales, en Internet. Podemos leerlo entre las frases de un suceso que nos cuentan. Los hechos suenan distintos pero su nombre siempre es el mismo: Bullying. El acoso está muy presente en nuestros días y, por desgracia, un altísimo tanto por ciento de éste se da en el colectivo más vulnerable: los niños.

Este artículo podría haberse escrito hace un mes, cuando leí la noticia de Rosalie Ávila, la niña de 13 años que se quitó la vida en su habitación, dejando a su lado una nota que, entre otras cosas decía “soy fea y perdedora”. Fea y perdedora. Una niña con toda una vida por delante, repleta de oportunidades y momentos felices, con una sonrisa hermosa, y con unos padres que la amaban y que ya no recuperarían la suya nunca más. Una vida más, arrebatada por abusos, por acoso, por la crueldad de otros niños.

Ella es solo un caso, con un horroroso final. No todos suenan como este; no todos estos sucesos se viralizan y pasean por las redes y plataformas hasta llegar a tí. Muchos de los que llegan a este punto, no se conocen, no les ponemos rostro. Otros se mantienen aún, ya que no todos los niños que sufren acoso acaban quitándose la vida, pero si viven sin vivir. Su día a día se convierte en una pesadilla, en la que ir a la escuela (algo que debería ser una bonita oportunidad de crecer, aprender y hacer amistades) se convierte en el peor momento del día. Pierden miles de cosas que suceden a su alrededor, porque su único pensamiento es el dolor y la tristeza en la que se ven sumidos. Estamos hablando de mentes que se están construyendo,  que se encuentran en un momento de sus vidas en que todo es “lo más importante”, en que cualquier cosa, por simple que sea puede convertirse en “en fin de su mundo”.

Actualmente, esta situación se agrava. Con la irrupción de Internet en nuestras vidas, las redes sociales y las nuevas plataformas, estamos interconectados prácticamente las 24 horas del día. Por una parte, esta gran posibilidad de comunicación puede ser algo muy beneficioso. Sin embargo, tiene sus grandes inconvenientes, y en referencia a este tema en concreto ¿Qué puede suponer esto para un niño que sufre acoso? Pues éste no acaba al cruzar el umbral de la escuela: entra el juego el ciberbullying o ciberacoso. Todos esos insultos, esas vejaciones, esa presión, esos mensajes constantes le perseguirán incluso en la “protección” de su hogar. Muchos padres no se dan cuenta de que sus hijos pueden estar viviendo situaciones como éstas. El niño se siente vulnerable, indefenso, y en la gran mayoría de ocasiones, amenazado, sabiendo que si acude a sus padres o tutores para contarles lo que ocurre, la situación puede empeorar, y por lo tanto, no lo comunica.

No somos conscientes de lo que realmente supone esto. Niños que se quitan la vida por culpa de otros niños. Se ve lejano cuando no ocurre en nuestra casa. Pero esa niña podría ser tu hija, tu hermana, tu sobrina, tu amiga. ¿Cambia entonces el significado para ti? No debería, debería mover nuestra consciencia sin ser así, pero por un momento, pensemos en ello. Pensemos en la infelicidad absoluta de quién amas, hasta que esa mente llega al punto de no querer continuar. Pensemos en perder esa vida por algo que tiene solución.

“Los niños son muy crueles”, ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Yo, muchas. La he pensado y la he dicho. Y como madre, lo veo cada día. Pero no es justo culpar a los niños de estos sucesos. No podemos saber qué ocurre en cada casa, cuando a veces incluso se nos puede escapar lo que ocurre en la propia. Pero, en mi opinión, tenemos maneras de evitar esto. La gran pregunta es ¿Cómo? La gran mayoría de los problemas que tenemos las personas en cuanto a conducta deben tratarse desde la niñez.

El Bullying es cosa de todos

 

Eduquemos a niños fuertes, no con sentimiento de superioridad y fuerza para empujar al otro, sino fuertes de mente. Niños sin complejos, que se sepan valerosos sin necesidad de hacer sentir a nadie inferior para serlo. Niños inteligentes, no sobre las notas, sino emocionalmente. Que sepan como desean ser tratados y como deben tratar a los que les rodean. Niños seguros de sí mismos, que sepan decir NO a aquello incorrecto. Que sepan diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Eduquemos a niños con voz. Con voz, no para insultar y arremeter contra el compañero, sino para alzarla contra el que abusa; para que esa voz que resta callada tenga una ayuda por otro lado.

Nunca debemos olvidar que el papel del que abusa, no reside ni acaba en él. Cuando las personas que le rodean no le detienen, cuando aquellos que están viendo lo que sucede no hacen nada para pararlo, se sitúan exactamente al lado del abusador. Si callas, tú das ese empujón, tú lanzas ese insulto, tú atas el nudo de la soga que rodea su cuello.

Hagamos que los niños puedan seguir siendo simplemente eso, niños. Que su única preocupación sea haber olvidado los deberes en casa; que su única frustración sea haber perdido el partido de fútbol en el recreo. Si queremos un mundo mejor, hagámoslo. Está en tus manos y está en las mías. Porque educando niños fuertes, actuando contra el abuso, haremos de esos niños y niñas, hombre y mujeres fuertes, que podrán luchar contra el acoso en todas sus fuentes, y que educarán también a nuevas generaciones con valores que ayudarán a erradicar este problema social, ante el que no podemos cerrar los ojos. ¿Cuántos niños más deben morir? El Bullying es cosa de todos.

 

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